Autoservicio
Casi a la semana de estar acá, necesitaba sacar fotocopia a mi pasaporte, ya que no es nada recomendable andar con él para todos lados. Entro a un centro de copiado e impresión y manifiesto mi deseo. Para mi sorpresa recibo una especie de tarjeta-llave y la instrucción: derecho, las máquinas de la 5 a la 10. Camino por el pasillo shockeado hasta estar al frente de una máquina.
Mierda, que hago ahora. Todo en alemán ni siquiera podía leer las instrucciones. Ensayo y error. Tomo mi pasaporte, sabía que se ponía en una esquina pero no tenía idea de cual, así que lo pongo al centro para tener alguna pista. Apreto el botón más grande. No pasa nada. Deslizo la tarjeta-llave por algo que decía los precios. La máquina empieza a sonar. Bien, lo conseguí. Mierda, no salió absolutamente nada, sólo una hoja en gris. Segundo intento, cambio el pasaporte de lugar, obtengo otra hoja gris como resultado. Me rindo, me acerco al encargado y le digo que no tengo puta idea de cómo funciona la máquina. Me indica que en la segunda copia que saqué, efectivamente aparecía la puntita del pasaporte —que no vi por la frustación del momento— y me indica que la esquina superior izquierda era la indicada.
Ya con las copias en mano, me acerco a la caja y devuelvo la tarjeta-llave —la cual guarda la cantidad de copias—, cancelo y me voy del local con una extraña sensación. Por cierto, no me cobraron las copias malas.
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