Juan no tenía problemas y era feliz.
Un día empezó a sufrir dolores de cabeza, ligeros al principio, pero que fueron aumentando hasta llegar a ser insoportables. Afectado por este problema, Juan se decidió a ir al médico.
El especialista lo examinó, realizó radiografías, muestras de sangre, materia fecal, orina y por fin le dijo:
— Le tengo una noticia buena y una mala. La buena es que puedo curarle sus dolores de cabeza. La mala es que para hacerlo tendré que…
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