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Polonia

Vivir en Berlin, en Alemania, un país que limita con otros 9, donde ir a otro país no significa embarcarse en una avión por horas y horas, obviamente nos iba a picar el bichito de buscar otros destinos, otros países, otras experiencias.

Mientras nos encontrábamos en el campeonato mundial de fuegos artificiales celebrado en Olympiastadion (el complejo olímpico de Berlin), decidimos sin demora viajar a Polonia al día siguiente, por el findesemana. Salía barato viajar en tren y en un grupo de 5 personas, con el Berlin-Brandenburger Ticket. Dicho y hecho, a la mañana siguiente estábamos tomando el tren sabiendo únicamente que allá hablaban polaco y que a pesar de pertenecer a la Unión Europea, no utilizaban el Euro como moneda oficial. El destino era Stettin (Szczecin en polaco).

Bajamos del tren y un tipo con un letrero que rezaba Stadtrundfahrt (stadt = ciudad, rund = alrededor, fahrt = viaje; viaje por los alrededores de la ciudad) nos hizo pensar que al ser una ciudad casi limítrofe con Alemania, la gente hablaría algo de alemán, o por último inglés. Comenzamos a recorrer y a buscar una casa de cambio. Al entrar a un supermercado, nos llevamos una sorpresa: Polonia es muy barato. Aquí un ejemplo: Si en Alemania puedes comprar un café por un Euro, allá también un café cuesta un Złoty, la diferencia es que la razón de cambio es 1 Euro = 4 Złoty, osea que tu dinero se multiplica por 4.

Continuamos nuestra travesía y pronto la ciudad se nos quedó chica, así que buscamos otro destino cercano y con la ayuda de unas amables jóvenes polacas, emprendimos rumbo hacia Swinemünde (Świnoujście en polaco) con el objetivo de conocer el Már Báltico. En esta ciudad ya comenzamos a aceptar lo que no queríamos ver: en Polonia sólo se habla polaco, nada de alemán, nada de inglés. Peor fue cuando nos dimos cuenta que históricamente había cierta rivalidad entre Alemania y Polonia, simples consecuencias de viajar “a la vida”.

Cae la noche, tomamos el transbordador para llegar al lugar donde estaría el bus que nos llevaría de vuelta a Stettin, la idea era carretear allá y luego dormir en un hostal. Pero cuando te das cuenta que el bus no aparece por ningún lado, que las calles van quedando vacías, que ni siquiera podíamos comprar un pasaje en tren, porque la vendedora lo único que supo decirnos fue ¡Super Polska, super Polska! (¡Viva el polaco, viva el polaco! En polaco obviamente), lo único que quieres es encontrar algún lugar donde poder dormir sano y salvo (te dejan de importar aspectos como la comodidad y el precio del lugar). Llegamos a un hostal, lleno, otro, lleno también, recorrimos las ciudad completa casi 3 veces y nada, todo repleto. Resultado, una siesta a las 3 de la mañana en unas bancas al aire libre, esperando que el transbordador iniciara nuevamente sus actividades. Por suerte no hacía frío.

En todo ese tiempo de espera, unimos todas las piezas del rompecabezas que habíamos logrado conseguir y nos dimos cuenta que Swinemünde estaba de aniversario, por eso estaban todos los hoteles y hostales llenos, y que era una ciudad para viejos, ya que no vimos más de 20 jóvenes en todo el tiempo que estuvimos ahí (los únicos que hablaban un poco de inglés). Al día siguiente, por fin pudimos volver a Stettin, pasamos el rato y más tarde volvimos a Berlin. Para el que quiera ubicarse, aquí puede encontrar esos lugares. 

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