Como es común en este país, olvidamos, aceptamos, perdonamos. Protestas, corrupción, información privada de la población a libre disposición para su descarga, colusión entre cadenas farmacéuticas para subir los precios de los medicamentos, son sólo algunos entre tantos hechos que tuvieron gran cobertura en los medios, pero que después de un par de semanas pasan al olvido colectivo de la sociedad.
Se pronosticaba que una vez pasada la molestia de parte de los consumidores hacia las 3 grandes cadenas farmacéuticas en Chile, estos volverían a comprar en ellas tal como habían hecho siempre, y no se equivocaron. Se habló de crear una farmacia estatal, con el objetivo de regular los precios de los medicamentos (economía básica), y muchos coincidimos en que era la mejor solución en ese entonces, ya que una vez transcurrido el tiempo (o sea hoy) ya ni siquiera sería tema de discusión.
Y es que somos un país reactivo, nadie ve las cosas venir, pero cuando llegan todos ladran, gruñen, balbucean e insultan; políticos otros aprovechan la situación para llenarse la boca con términos como justicia e igualdad; pero la verdad es que al país (y léase país por todos nosotros: habitantes, empresarios, dueños de grandes cadenas comerciales, políticos, etcétera) le resulta mucho más rentable poner un parche curita sobre una herida, que haber trabajado para prevenirla.
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