Veo acercarse una silueta conocida, el Riffo—pensé. No me equivocaba, venía en bicicleta, rápido, pasa al lado mío, no me reconoce, se aleja. Es segunda vez que sucede, y en el mismo trayecto ¿Es que tanto cambié en 6 años para que no me reconozca? Igual ahora tengo el pelo más corto, y bigotes, y la palestina me tapaba la mitad del rostro. No, uno no cambia tanto. Cuando me encuentro con amigos de mi época de colegio los reconozco altiro, por más que hayan cambiado su corte de pelo y su apariencia física, la cara básicamente es la misma.
Por bastante tiempo me creí irreconocible por las personas de mi antigua vida, muchas veces ni me miraban. Recuerdo que en el primer año de U me quedé una vez con el saludo en la boca, fue una compañera de hace años. A partir de ese día, cada vez que me encuentro en una situación similar, cada vez que me topo con algún conocido, no lo saludo hasta que él lo hace. Es egoísta, lo sé, pero ¿Acaso ellos no lo son también al no recordarme? Además, yo nunca dejaría a nadie con el saludo en la boca, ni en la mano.
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